Presento el borrador de mi último trabajo a propósito del Control neuronal y las subjetividades en tensión.
INTRO
Es claro que tanto la visualidad, la sonoridad, la
temporalidad o la espacialidad pueden rastrearse históricamente como campos de
antropomorfologización del conocimiento. La pugna por la búsqueda de dominancia
de cada uno de estos campos (tecnología, artes, ciencias “duras”, humanidades
etc.) como cuerpos totalizantes y/o determinantes, devela el interés de cada
época frente a la posibilidad de sus repertorios de lenguaje por dar cuenta de
la mampostería que conduce a un registro particular (gramáticas y semánticas)
de la realidad y de las formas de poder/saber que despliegan sus defensores
para circular y extrapolar en algunos casos, sus formas de re-presentación como
hegemonías discursivas y metodológicas frente a otros saberes menores, marginales,
alternos o en exilio.
En la actualidad, dichos saberes y sus manifestaciones
en el estrato socio cultural visibilizado en redes digitales deben permitir un
análisis que dé cuenta de las relaciones y los campos heterotópicos que
describen. La exigencia a las disciplinas entonces, está dada por su capacidad
por encontrar la ocasión y las circunstancias por medio de las cuales una summa de relaciones puede dar cuenta de
la saturación analítica de un fenómeno. Para las ciencias de la comunicación
este propósito determina de entrada una atención sobre las tecnologías y las
transformaciones socioculturales devenidas procesos de subjetivación.
En tal sentido, una estética de lo relacional confluye en la disposición afectiva de
una persona o colectivo que decide política y éticamente emprender el pathos y el agon como parte de su
proyecto de vida y que lo conduce por la senda del deseo de crear y no solo
portar ideas. Lo contrario a esta visión estética puede interpretarse como la
instrumentalización del sujeto y su sometimiento a una dinámica particular. Dicho
sea de paso, se trata de un ejercicio de alta complejidad que teje pero que
también cierne con diferentes métodos la designación, ya no del qué ilustrado
sino del cómo y el cuándo, lo que le da su carácter y porque no, su estatuto
epistémico en unas condiciones de dominancia tecnológica que hacen énfasis en
la posesión y archivo del dato informacional y no de su uso y aplicación.
De tal suerte, con la implementación acelerada de
nuevas tecnologías info comunicacionales y la incidencia que tienen estas en
los circuitos de producción de la última etapa del modelo económico (basados en
la distribución y acceso diferencial a los datos y a la exacerbación de los
estímulos desde el entretenimiento comercial), la pugna por la constitución de
subjetividades críticas cercanas a un proyecto humano y en condiciones de
equidad y justicia se torna cada vez más lejano.
“El verdadero poder de las condiciones posfordianas en
red reside en la producción de nuevas formas de inteligencia general; la
mercantilización de lo que se conoce como externalidades, unas redes intensivas
sumergidas que forman las otrora secretas relaciones del valor de marca. En la actualidad,
la inconsciencia rizomática del valor de marca genera valor en formas inéditas
y desconocidas, hoy convertidas en una realidad, en una abstracción real en la
que esos factores, en otro tiempo no reconocidos, forman unos complejos bucles
collageados dentro de sus propias distribuciones y se afirman como normas
constantes y repetibles, susceptibles de comercializarse con un valor
asignado, generando beneficios futuros como parte de presupuestos
predeterminados. En tanto que tales, con ayuda de nuevos cálculos informáticos
intensivos, las contingencias de su valor – que en otro tiempo podrían haberse
dado por descontadas – son hoy concretables, analizables y fiables. Esta
mercantilización de las externalidades encarna la nueva definición del trabajo
inmaterial y la inteligencia general.” (Neidich, 2009,
p.139)
En tal escenario, los múltiples escenarios de
resistencia tanto estructural como molecular que tratan de ofrecer líneas de
fuga, o bien son cooptados rápidamente, ó se diluyen por la falta de programas
y propósitos de larga duración que definan un proyecto concreto y una salida
probable que devuelva la esperanza de otros mundos posibles. Así, en este ámbito
“postapocalíptico” las ciencias humanas y sociales aún no alcanzan a ponerse “a
pies juntillas” (en términos de análisis, prognosis y diagnosis) de cara a las
transiciones socioculturales que proponen a máxima velocidad las innovaciones
tecnológicas y biopolíticas propias de nuestro tiempo. Tal como afirma
Sloterdijk se trata de una época que se encuentra:
“(…) caracterizada por una crisis de la epoché filosófica: la orientación en una
situación mundial más que compleja se dificulta, desde que la operación básica
filosófica, así como la enseñó Edmund Husserl, ya casi no permite que el
retroceso ante la imagen de la realidad y la puesta entre paréntesis de las
propias intenciones existenciales sean llevados a cabo de manera convincente
dentro de las actuales turbulencias” (Sloterdijk, 2008, p.23).
En ésta complejidad, diversas miradas que puedan involucrar
diseños metodológicos heterogéneos y arriesgados (mixed methods)
como propuestas conceptuales de avanzada que promuevan una cercanía
interpretativa con los fenómenos y en tal caso una hermenéutica crítica y
reflexiva de la cual se desprendan argumentos, intuiciones y/o preteorías con
elementos pragmáticos orientados a incitar con su efecto discursivo y práctico dimensiones
distintas en la planeación de políticas públicas y privadas, o que de manera
alterna, generen movimientos de resistencia, resultan por demás urgentes y es
en esta medida que puede acudirse a una Ciencia social radical, radical en el
propósito que desea, en sus implicaciones, en su protagonismo como fuente de
problematización y de referencia. Unos métodos mixtos o heterodoxos donde
confluyan los estudios sociales, culturales, comunicacionales etc. Pueden
ofrecer nuevas hermenéuticas para ámbitos como el de las nuevas tecnologías y
la producción de subjetividades.
“(…) hará falta desarrollar nuevos órganos
perceptivos; en este caso, instituir propiedades distribuidas de computaciones
neuronales en una generación que ha crecido de hecho dentro de esta nueva forma
de espacio dinámico e intensivo, con el fin de comprender la lógica del nuevo
espacio construido” (Neidich, 2009, p.126).
I.
La recuperación de la sinapsis.
El logro de la singularidad se constituye como
objetivo fundamental no sólo para la inteligencia artificial sino para el
pensamiento contemporáneo agobiado, cercado y marginalizado en una época de
ausencia de proyectos con ansias de transvaloración. Si aceptamos las teorizaciones que se
realizan sobre el campo de las llamadas neurociencias y sus aplicaciones en
campos particulares como el neuromarketing, podemos suponer que en efecto, se
trata en la actualidad de facilitar aún más la distribución de contenidos
comerciales a partir del desarrollo de interfaces o soportes mediales que
afecten directamente los sistemas de elección y decisión de unas subjetividades
en tránsito, fragmentadas y suspendidas en una mercadosfera.
“todo aquello que se ve constantemente repetido,
interconectado y luego magnificado, por ejemplo, por las tecnologías del
capital global neoliberal, atrae la atención del cerebro y la mente que pasarán
en consecuencia a registrarlo. Por otro lado, el arte y la arquitectura son
prácticas que, en su condición de experimentales, son susceptibles de asumir la
variabilidad potencial inherente a un entorno temporal metaestable para
producir varias formas nuevas de vínculos temporales inmanentes dentro del contexto
del virtuoso” (Neidich, 2009, p.122)
La influencia de dichas tecnologías no solo
problematizan viejas condiciones de reflexión antropológica y filosófica como
la identidad, la libertad, la igualdad etc. Si no que trazan nuevos paradigmas
en torno a categorías típicamente ontológicas: ser/realidad/existencia. Sin
lugar a dudas, un abordaje contemporáneo sobre estos campos nos lleva a pensar
en la pertinencia de una filosofía de la tecnología partiendo por ejemplo, de
la Teoría Medial de la existencia propuesta por Sloterdijk, que entre otras
cosas tenga como objeto de contraste e investigación fenómenos tecnológicos como
la realidad aumentada, háptica, la inteligencia artificial, la nanociencia,
etc. y sus posibles efectos sobre lo sociocultural – entendido en esta línea de
análisis como distribución neuronal particular y colectiva – dado que dichos
avances tecnológicos pueden comprenderse como esferas protésicas y dispositivos
de climatización autoinmune.
“La clave de esos cambios radica en que la selección
experiencial no tiene lugar, como la selección natural de la evolución, como
resultado de la reproducción diferencial, sino más bien de la amplificación
diferencial de ciertas poblaciones neuronales, lo que significa que esas
neuronas y redes neuronales estimuladas con mayor frecuencia e intensidad, por
ejemplo, los juguetes publicitados que aparecen y reaparecen en entornos reales
y televisados o por los objetos señalados una y otra vez por los padres como
importantes, desarrollarán patrones de disparo más eficaces o cada vez más
enganchados a una fase, vinculados sincrónicamente entre sí en el tiempo, lo
que les concede una ventaja selectiva de la que los demás carecen “(Neidich,
2009, p.143)
A contrapelo de una ética, se trata más bien que el
objeto de esta filosofía medial de la tecnología sugiera una reflexión de orden
estético. Pues tal como lo propone Ranciere:
“La esencia de la política consiste en la interrupción
de lo sensible para y por parte de quienes no hacen parte de dichas coordenadas
perceptuales de la comunidad, de tal suerte que modifiquen muchos de esos
campos de posibilidad estético políticos“ (Neidich, 2009, p.3).
Las coordenadas organizadas a las que hace referencia
Ranciere son las leyes, normas y acuerdos tácitos, implícitos o institucionalizados
que dividen la comunidad en clases, en grupos, posiciones sociales y funciones.
Solamente a través de procesos de subjetivación en los que las personas se
narran como agentes activos y dispuestos a estas transformaciones ético
estéticas es posible la transformación de coordenadas, la inversión de axis o
la reorientación de los sentidos que iluminan los proyectos sociohistóricos.
Entonces, un control neuronal, un dominio sobre la
forma en que las conexiones cerebrales, la biología y fisiología cerebral
agrupa, distribuye, conserva y accede a la información, al dato y su
procesamiento es en definitiva un lugar de poder: De Neuro poder en términos de Neidich:
“(…) en la transición desde la sociedad disciplinaria
a la sociedad de control y, más allá, hacia eso que Lazzarato denomina
noo-política, el foco del poder y la tecnología a su disposición no se orienta
hacia la materialidad del cuerpo sino, en lugar de ello, hacia su existencia
psíquica y muy especialmente a sus recuerdos y atención, teniendo en cuenta que
cerebro y cuerpo se encuentran inextricablemente relacionados mediante
condiciones voluntarias e involuntarias, somáticas y autonómicas, estriadas y
lisas” (Ibid, 2009, p.3)
¿De qué manera y bajo este terreno de pugna por un
nuevo dominio de la conciencia pueden trazarse líneas de fuga? ¿Cómo
posibilitar unas identidades distintas a las que el mercado ofrece como valor
de intercambio? ¿De qué manera el uso protésico de las tecnologías emergentes
pueden ofrecer herramientas para la constitución de esas otras
identidades?
II.
De la
Celebridad a la Cerebridad.
En un campo telerelacional como se constituye en
efecto la dimensión real/virtual/virtualizante de las sociedades contemporáneas,
que migran paulatinamente del control y disciplinamiento biopolíticos a la
fragmentación y deslocalización de la Noopolítica, entendida ésta como:
“Un conjunto de técnicas de control que se practica
sobre el cerebro. Implica, por encima de todo, atención, y va dirigida al
control de la memoria y su poder virtual”. (Neidich, 2009, p.135)
La mirada objetiva debe orientarse a los mecanismos de
desarrollo de las capacidades neuronales y la alteración de los procesos que en
baja intensidad decodifican y samplean órdenes de sentido y significado con
propósitos de administración productiva del intelecto general, de forma que si
hablamos de una(s) resistencias posibles
a la cooptación sináptica y a la clarividencia comercial del comportamiento, se
dependería en gran medida de una práctica sub-versiva (diversidad de textos y
versiones) que amplíen las posibilidades, es decir, expandan lo diverso, lo
alterno como forma -otra- de despliegue de la subjetividad cooptada de forma
permanente por dispositivos culturales, unos extensivos y otros intensivos:
“La cultura extensiva es accionada por la producción
de objetos exactos y es una cultura de la equivalencia, mientras que la intensiva
se caracteriza por la no equivalencia y la diferencia. Lo intensivo es único y
singular. Mientras las culturas extensivas generan el producto como una forma
de equivalencia, lo que mejor describe la cultura intensiva es la noción de
marca. Todas las marcas difieren entre sí, y, aunque la marca no genera
productos sí les da valor y los enriquece a través de un amplio espectro de
externalidades conectadas. (Neidich, 2009, p.124).
Cada medio sugiere una narratología, el
carácter intensivo o extensivo se muestra en la relación con los objetos que
circulan ante los sentidos de los espectadores, consumidores, usuarios y
proponen unos discurso que termina transformando mucho más rápidamente el
comportamiento de los individuos que los dispositivos tradicionales como la
participación política o la educación. Su efecto es de velocidades y tiempos
distintos. Trágicamente esta relación
tiempo espacio muestra de qué manera estrategias educativas son altamente
descontextualizadas pues no logran insertarse a estas lógicas siempre
cambiantes, lo que conocemos como “crisis generacionales” por ejemplo, no son
más que evidencias de un sistema mundo que captura las subjetividades por
etapas sobre la apariencia de lo nuevo o de lo vanguardista sin que exista una
referencia del proceso completo en clave histórica que permita a los individuos
una toma de posición al respecto, es decir, una preferencia por lo intensivo.
Se trata entonces que a partir del conocimiento de las
maneras en que se generan en la actualidad las esferas de producción de
subjetividad basadas en dispositivos de economía neuronal, se permita al
individuo un repliegue en sentido de epojé
al reconocimiento y mapeo de los mecanismos aparatico mediáticos que pugnan por
su deseo emancipatorio y libertario propio de la condición planamente humana. Dado
que:
“Podríamos afirmar que esa nadería que llamamos sujeto
no es otra cosa que el efecto por excelencia (por supuesto sin exclusión de
ninguna de las muchas otras prácticas que también al respecto son
constituyentes) de los actos de representación, de visionado y escopia, de su
participación en las redes de intercambio –producción, consumo y circulación-
de la imagen, de la visualidad” (Brea, 2003, p.2)
Más allá de una –otra- teoría reivindicatoria y de
crítica anacrónica hacia los medios y su influencia, se trata más bien de
empoderamiento de los mecanismos actuales que como parte de esas dos visiones de
culturización (expandida ó intensiva) seamos capaces de reorganizarlos,
subvertirlos en clave de producción, creatividad e imaginación, por el
despliegue de los recursos tecnológicos hacia un horizonte de posibilidad y de
la potencia individual y colectiva para la emergencia de otras dinámicas de
afectos, pues es probable:
“Un proceso de asociación que tendrá consecuencias en
la forma en la que el cerebro es esculpido por la experiencia cultural. La
constancia y la repetición a mano, sobre todo cuando se distribuye globalmente,
constituyen intensos directores de la atención. Lo chocante y lo novedoso son
condiciones de los excesos culturales de la modernidad y la refutación
artística que desestabiliza y disocia los dictados institucionalizados.
Recientemente, lo chocante se ha abierto camino dentro del andamiaje
institucional y es hoy utilizado como forma de administrar afecto” (Neidich,
2009, p. 122).
Frente a la espectacularización, la distracción y el
uso del tiempo libre en sociedades posfordistas articuladas a lógicas de
productividad inmaterial (Cfr. Rodríguez, 2007), la cerebridad, es decir, el
estudio, reconocimiento y empoderamiento de nuestra red neuronal de nuestro
complejo cerebral, produce un sisma en la etapa de configuración de “celebridades”
en plano personal que pugnan por destacarse al ritmo de lo que la metafísica
imperante denota como clave de éxito, es decir, de garantes de los afectos.
El logro de las redes sociales en este sentido, los
blogs, la Tv interactiva, la conectividad de contenidos de pantalla en pantalla
etc. Se verifican cuando se propone en su uso y aplicación una idealización de
la libertad en tanto signa a los usuarios (devenidos avatares) como gestores y
productores de “su propia imagen” otorgándoles en clave fordista (producción
serial) un reconocimiento como detentores de suscriptores, número de
seguidores, o número de visitas, dando como resultado la apariencia de
reconocimiento como “celebridad” mediática en un mar de contenidos y flujos de
experiencias digitalizadas (Facebook, etc.) que pugnan por el poder
representacional de “verdades” integradas a su alter ego digital (De otra forma no se explica por ejemplo, cómo es
posible comprar y vender seguidores en sistemas como Twitter, para contribuir
al efecto de credibilidad en tanto más o menos seguidores se posea).
La organización de estos contenidos en un
esquema de posproducción (Cfr. Baurriaud, 2004 y 2006) resalta la inmanente
presencia de dichos clichés en los comportamientos de las personas elevándolos
a la categoría de referentes de la cultura global. Una economía de afectos que
reproducen formas de comprender el mundo y que instauran una distribución de lo
sensible particular, quizás una sola más cercana con los dominios hegemónicos
tradicionales. El arte, la posproducción,
la remezcla de contenidos y una mirada estética alterna puede entonces alterar
dichos flujos de reproducción en tanto:
“Al recurrir a conjuntos de métodos, procedimientos,
instrumentos y materiales muy diferentes de los empleados por la soberanía y
el conocimiento institucional, el arte, la arquitectura, el cine, la poesía, el
diseño, el sonido, el vídeo, la performance, la danza y la instalación escultórica,
ejemplifican y des-ejemplifican un mejunje “muy diferente” de los potenciales
dinámicos en su producción de objetos, de no objetos, de materiales efímeros y
de fragmentos textuales a distribuir en la cultura visual, auditiva y
quinestética. El poder del surrealismo, dadaísmo, situacionismo, fluxus, arte
conceptual y feminista y de las prácticas globales o poscoloniales como
modificadores culturales y, por ende, neurobiológicos, son algunos ejemplos
que refuerzan la consistencia de esas reclamaciones. Un proceso que, junto a
sus efectos, he dado en llamar “redistribución de lo sensible” (Neidich, 2009,
p.122).
La cerebridad, por el contrario, llama a este ahora pueblo constituido en red, a posibilitar
la recuperación de la población neuronal individual con ánimo de potenciarla y
hacerla mucho más sofisticada que la red externa. En otras palabras, de
producir subjetividad desde un reconocimiento identitario en tanto dicha ipseidad corre a contrapelo de una
función identitaria rígida, higiénica y homogeneizante, en un escenario de
conflicto por lo identitario en el que Brea afirma:
“En realidad, una lectura poco ingenua de las
retóricas de la nueva publicidad reconocería rápidamente que lo que en casi la
totalidad de sus juegos de imagen se vende no son los “productos” que ellas
anuncian: sino la específica potencia de construcción de biografía que en su
mismo espacio –fantasmático, imaginario- se pone en acto. No se trata entonces
de hacer deseable a lo lejos un tercer producto-mercancía, sino de conseguir
que el propio dispositivo-anuncio –el sistema imagen/música/texto que lo articula-
se cargue de potenciales de identificación-deseo, capaces de concitar un efecto
de re-conocimiento en el perceptor. La necesidad que éste siente de proveerse
de materiales efectivos en esa cada vez más ardua tarea (por inocua e
improductiva en el fondo) que es el construirse a sí mismo hará el resto, y la
compra de la mercancía asociada –siempre que uno pueda pagarse el capricho
crecientemente costoso de autohacerse- caerá como por “efecto colateral”. Pero
lo que se hace seductor en el anuncio, a lo que se dirige su efecto persuasivo,
no es a mostrar las calidades propias del objeto tercero. Sino, primariamente,
a autoseñalar (sin que se dé demasiada cuenta el anunciante, no vaya a ser que
sospeche la verdad de la publicidad contemporánea: que sólo se anuncia a sí
misma) la cantidad directa de identidad –el coeficiente identitario, diríamos-
que se impulsa desde su propio espacio, en el propio dispositivo simbólico” (Brea,
2003, p.1).
Así, la cerebridad en contraste con la celebridad,
ubica al sujeto en clave crítica frente a los contenidos que desbordan su
propia capacidad interpretativa, dando lugar a un espacio de resistencia como
figuración de una potencia para lo extraordinario, para la sofistificación del
cerebro en tanto aparato mediático arcaico fundamental como dispositivo de una arquitectura cognitiva diferente. Dice
Sloterdijk al respecto:
“Cada introspección sencilla nos deja en claro que
nuestros cerebros siempre buscan el nivel homeostático más próximo, es decir,
un estado, en lo posible, cómodo y conservador en sus estructuras, que es
vivenciado como auto-satisfacción: ésta apoya la sensación de tener toda la
razón, prolonga la licencia de seguir adelante con nuestros juegos de
identidad. Todo el mundo sabe que los hombres, en caso de necesidad, se vuelven
incluso creativos para evitar cambios de su auto-estado. La mutación decisiva
de la modernidad radica en el atrevimiento de los cerebros humanos de más bien
celebrar integralmente las informaciones futuras, más que rechazarlas” (2008,
p.31).
Como se nota, el juicio de valoración no
está centrado en la calidad como tal, sino en lo que está ocurriendo con las
audiencias, en sus búsquedas y gustos, pues es por lo menos inquietante que no
sea la calidad del producto masivo lo que conduce a una aceptación, por el
contrario se percibe una necesaria exacerbación de los sentidos y una
“barrocalización” de la experiencia estética… todo junto, todo mezclado, todo
al límite. Podemos afirmar aquí, que un modo cultural de lo intensivo genera
“celebridades” (o la ilusión fantasmica de llegar a serlo) y un modo cultural
extensivo de las tecnologías propone la manifestación de cerebridades, unos
consumidores, otros por lo menos devenidos gestores:
“El carácter
del «pluralismo de estilos» ha penetrado en el ámbito de la producción y ha
remezclado los criterios para el juicio estético. Las afiliaciones grupales, el
estatus y la frescura aumentan su valor, mientras que los criterios analíticos
lo pierden. Pero cuanto más se anticipa la autosatisfacción y la felicidad en
el campo del consumo, más se consolidan las estructuras aislantes del
particularismo y la subjetividad. El placer se convierte en quimera. En una
sociedad en la que el valor de la mercancía se determina según el tiempo de
trabajo necesario para su producción, pero en la que los individuos no usan o
reproducen su fuerza de trabajo para producir placer, entonces el propio placer
no tiene ningún valor, sino que comprende su propia carga cultural. En ese caso
concreto, el campo de la producción artística desempeña el papel de un agente
doble” (Babias 2005, p. 143).
En este orden de ideas, una posición
construida desde los debates contemporáneos de la imagen, la comunicación, el
arte y de las relaciones disciplinares pone de manifiesto un nuevo reto para las
ciencias sociales y los denominados estudios culturales comunicacionales. El
objeto en este sentido desbordaría la taxonomía intensivo/extensiva sino que
quizás a partir de experiencias de borde ofrezcan una solución parcial al
problema que identifica Babias en términos de la estética producida o
reproducida mercantilmente.
III.
Otra conexión
medial en clave educativa.
Ahora bien, en este punto es necesario problematizar
el rol de la mayoría de las políticas públicas orientadas a la inmersión en
nuevas tecnologías y la manera como las instituciones públicas y privadas las incorporan
al ámbito curricular, pues pareciera que favorecen más la reproductibilidad que
la creatividad, se trata en todo caso de un proceso de alfabetización más que
de aplicación y orientación hacia la innovación y despliegue del recurso y sus
herramientas.
En este sentido, continúanos asumiendo como indicador
de calidad educativa o de desarrollo tecnológico por ejemplo, la implementación
de una plataforma para educación virtual sin que se logre problematizar por
parte de quienes tienen bajo su cargo la reflexión por el sentido de las
herramientas, la discusión en clave de innovación sobre el impacto, el
propósito y la recontextualización del dispositivo como eje para la promoción
de esferas más cercanas con la crítica del medio, con la ruptura de la
repetición y cercanas con la deconstrucción y la implementación en circuitos de
producción de conocimiento. Retomando de nuevo, por lo menos para un uso
extensivo y no intensivo de dicho dispositivo técnico cultural.
En otras palabras, se tiende a reproducir la práctica
educativa convencional en otro formato (lo digital) más que poner la
herramienta al servicio de otras instancias que promueven el pensamiento (por
ejemplo grupos de investigadores, trabajo cooperativo en red, colectivos de
creativos etc). Y la manifestación de otras formas de producción de
subjetividad.
Por el contrario, sería necesaria una forma extravagante de vitalismo, una atención
poética a la correlación entre lo abstracto de lo estético y lo concreto de lo
tecnológico, que se configurara en estas dinámicas de cooperativismo en red
como espacio determinante de resistencia para acciones políticas, culturales y
sociales que más que una gran transformación estructural, busquen la generación
de espacios de desdramatización de la experiencia, desplegando la identidad,
“bajando a piel” las ideas, en actitud de alerta para ser capaces de
diferenciar el vehículo del ser (rango operacional) en contra posición de
nuestra intimidad, de tal forma que sea viable bordear el campo de la epifanía,
por lo menos en el placer del encuentro (thaumazein)
con la idea –descaradamente- propia, irreverente y promiscua. Hasta ahora, el
uso intensivo propone no el placer del encuentro sino la espectacularización de
la identidad y la intimidad. Es en este punto donde la implementación de TIC en
el campo educativo puede enriquecerse, ofreciendo un espacio de reflexión sobre
el mundo aparático, sobre las esferas protésicas que en apariencia nos –
constituyen-.
Detrás de estas reflexiones se pone en cuestión para
el ámbito educativo como lugar propicio para desatar estas consideraciones, la
dificultad derivada de los derechos de autor y los modos en que la población se
apropia de estas nuevas tecnologías, de qué manera se resamplean los contenidos
o se distribuyen los conocimientos en formato digital. Si se asume la
tecnología como objeto cultural, el campo de batalla esta trazado en una matriz
convencional de saber/poder en donde el uso y acceso determinan ¿qué se vende?,
¿cómo se vende?, ¿Qué se transmite teleracionalmente? ¿Quienes consumen?
¿Quiénes aprenden?
IV.
A manera de conclusión.
Es posible, que la construcción de otras percepciones
de lo visual, lo sonoro, lo temporal y espacial en clave de lo multimedial
digital, revelen otros signos de la experiencia que puedan enriquecer los
abordajes sobre los problemas cuando se diseña arquitectónicamente el campo, el
personaje conceptual, los functores, afectos y perceptos como indicadores
sugestivos de nuevos esbozos teóricos, que dando espacio al caos sugieran luego
la densificación de un conjunto armónico. Es esta la condición estética dentro
del campo de la investigación social en relación con las telecomunidades
aparáticas.
Al final, para los investigadores, especialistas y
estudiantes a nivel local, la discusión y el debate por el efecto del
neuropoder, del control de la conciencia global, del efecto de las tecnologías
sobre las subjetividades, de los roles de las múltiples interfaces y sobre todo
de las estrategias de línea de fuga a este movimiento generalizado que
administra redes neuronales y que propone una regulación de estímulos para
modelar los cerebros de las actuales y futuras generaciones pueda ser entendido
como un objeto de estudio de inmediata atención del cual ya otros se vienen
ocupando,
de lo contrario y tal como afirma Solterdijk:
“La forma hoy en día más extendida del rechazo a la
información, el no-entender, sería derogada en la era final de la transferencia
de pensamientos. Así, se deberá ejecutar explícitamente cada acto de la negación
del entendimiento y llevarlo a cabo según las reglas del arte. Ante semejantes
perspectivas del futuro, deberíamos gozar de nuestras reservas naturales del
no-entender, mientras haya tiempo”. ( Sloterdijk, 2008, p.33).
Una esperanza para pasar de la suspensión a la acción…
Bibliografía
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