martes, 15 de mayo de 2012

Camnitzer, a los ojos de un estudiante de arte


Por: Christian Camilo Sabogal Moreno

Estudiante Primer Semestre
Lic. Ed. Artística con énfasis en Danza y Teatro UAN.



    Algo sucede cuando con nuestros ojos logramos ver tal “simbolismo”, y consecutivamente conseguimos a través de nuestro sistema racional alcanzar un determinado punto de desciframiento y entendimiento de lo que, a mi criterio pretendía Camnitzer… Experimentar cierto acontecimiento de confusión que lo único que hace es ahondar es dos preguntas: ¿Por qué? ¿Cómo?
   
Dando por entendido lo anterior, me he tomado de cierto modo el atrevimiento de manifestar y resolver esas mismas cuestiones que ya he formulado. Claro que esto lo intentaré desde un punto muy íntimo, y obviamente sin dejar de lado el respeto por el autor de esta elocuente exposición; y antes de proseguir, me siento con la infinita y amplia necesidad de dejar claro que por supuesto todo lo que he mencionado es algo extremadamente subjetivo al igual que el arte para los seres humanos.

La exposición vista en el Museo del Arte de la Universidad Nacional sobre Luis Camnitzer y el trabajo realizado durante el transcurso de su vida giran en torno a una solitaria razón, esta no es una distinta a la manera como un objeto se puede convertir en un medio de expresión artístico. Por supuesto, esto sólo se puede conseguir si se sabe predominar el concepto de arte sobre la razón existencial del objeto; es decir, todo objeto existe para un fín, y este fin es al que llamo “razón existencial”. Para ser algo más claro en cuanto al asunto propongo como ejemplo un elemento de la exposición - (fragmentos de firma para vender por centimetro)-. En el momento en que me detuve frente a esta parte de la obra, en donde en la pared se resaltaba un cuadro en el cual se encontraba la firma de Camnitzer, de la cual en su parte inferior se encontraba un trazo con el que se pretendía denotar un margen de medida en centímetros. 

Estuvo claro que esto es lo que se observaba a primera vista, pero a mi consideración, fue necesario explicar que su firma no estaba cumpliendo una función distinta a la de ser el objeto mediante el cual se lograba un punto de encuentro crítico con eso que se denomina “el arte”.

Camnitzer era un artista de la subjetividad. Cierto es que Fragmentos de firma para vender por centímetros es una de las maneras más claras en las que el artista se dio a entender  y por supuesto su obra también. Definitivamente me tomó la autoridad que quizás no convenga, para decir que su trabajo iba mucho más allá de lo que se pueda entender en una frase tan simple como “fragmentos de firma para vender por centímetros”, ¿Por qué? Es muy fácil para cualquiera llegar a la conclusión de que el trabajo de Camnitzer gira en torno a los objetos como expresión artística, pero verdaderamente estos objetos siempre cumplen dentro de su trabajo un papel de evocación, evocación que en muchas ocasiones hace hincapié en temas como la ética y la política. 

Al haber llegado a este punto me gustaría hacer más contundentes mis argumentos de lo anteriormente dicho, justificándolos con unos de los diversos elementos expuestos en el museo, comenzando por los aspectos más  obsoletos que puedan caber dentro del rotulo de “objetos evocadores de la ética”.

En cuanto a esta dimensión ética me gustaría trabajarla con una de las obras de  la exposición que recibió el nombre de “El paisaje como actitud”. Es importante saber que este trabajo consistía, en un cuadro que contenía la parte del rostro de un hombre en posición de mirar hacia el cielo y sobre su rostro había una serie de animales domésticos y una casa de granja; por supuesto, esta imagen se encontraba en una escala bastante grande, o en un gran formato. Dado el punto del análisis del cuadro en cuanto a un aspecto ético, nos podemos encontrar con la respuesta de que todos tenemos en nuestra mente que la naturaleza no trasciende esos elementos tan cotidianos, ¿Pero por qué tenemos esa visión tan vacía? Por simple lógica cualquiera podría decir que los animales y la vida del campo son los mejores representantes de la naturaleza; y es precisamente aquí donde llegamos al aspecto ético, ya que nos regimos por lo que consideramos es bueno o no, y es por esta razón precisamente que no nos damos cuenta de que  una palabra como el paisaje no es fácil de descifrar o representar por medio de imágenes, y es aún más complejo determinarlo como una actitud.

De la misma manera como decidí dar a entender mis argumentos de las interpretaciones éticas de sus trabajos, voy a realizar las interpretaciones políticas. Antes de empezar quiero aclarar que esas evocaciones políticas logré interpretarlas como libertad, identidad y exilio, aclarando que estas tres anteriores sensaciones son vistas políticamente y no moralmente.

Para la conceptualización política escogí la obra “Colección del artista”. Es bastante interesante darse cuenta el modo en que Camnitzer plantea el exilio de la sociedad, la falta de libertad de expresión, y la manera en cómo se trata de ocultar siempre la identidad de un artista. Todo esto está plasmado en las cincuenta y dos cartas de la baraja de póquer. Sabiendo que la carta más importante de una  baraja de este tipo es el rey de corazones, y es precisamente en el rey  de corazones donde se encuentra el nombre de “Luis Camnitzer” que simboliza la forma cómo un artista termina siendo un personaje fundamental en una sociedad. 

Es claro entonces, que en esa misma baraja todas las otras cartas tenían el nombre, y en su gran mayoría la foto de personajes político-militares; el único artista era Camnitzer, pero era precisamente la carta de Camnitzer la que se presentaba en un material casi transparente, simbolizando así de su parte… La decadencia.

Al detenerse a analizar minuciosamente cada uno de los fragmentos de las salas, se logrará dar cuenta por parte del espectador, que cada uno de esos fragmentos representa algo enteramente simbólico en cuanto a la evocación moral y política…el problema que aborda el artista.




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martes, 24 de abril de 2012

Control neuronal y globalización de la mirada


Presento el borrador de mi último trabajo a propósito del Control neuronal y las subjetividades en tensión. 
INTRO
Es claro que tanto la visualidad, la sonoridad, la temporalidad o la espacialidad pueden rastrearse históricamente como campos de antropomorfologización del conocimiento. La pugna por la búsqueda de dominancia de cada uno de estos campos (tecnología, artes, ciencias “duras”, humanidades etc.) como cuerpos totalizantes y/o determinantes, devela el interés de cada época frente a la posibilidad de sus repertorios de lenguaje por dar cuenta de la mampostería que conduce a un registro particular (gramáticas y semánticas) de la realidad y de las formas de poder/saber que despliegan sus defensores para circular y extrapolar en algunos casos, sus formas de re-presentación como hegemonías discursivas y metodológicas frente a otros saberes menores, marginales, alternos o en exilio.
En la actualidad, dichos saberes y sus manifestaciones en el estrato socio cultural visibilizado en redes digitales deben permitir un análisis que dé cuenta de las relaciones y los campos heterotópicos que describen. La exigencia a las disciplinas entonces, está dada por su capacidad por encontrar la ocasión y las circunstancias por medio de las cuales una summa de relaciones puede dar cuenta de la saturación analítica de un fenómeno. Para las ciencias de la comunicación este propósito determina de entrada una atención sobre las tecnologías y las transformaciones socioculturales devenidas procesos de subjetivación.
En tal sentido, una estética de lo relacional confluye en la disposición afectiva de una persona o colectivo que decide política y éticamente emprender el pathos y el agon  como parte de su proyecto de vida y que lo conduce por la senda del deseo de crear y no solo portar ideas. Lo contrario a esta visión estética puede interpretarse como la instrumentalización del sujeto y su sometimiento a una dinámica particular. Dicho sea de paso, se trata de un ejercicio de alta complejidad que teje pero que también cierne con diferentes métodos la designación, ya no del qué ilustrado sino del cómo y el cuándo, lo que le da su carácter y porque no, su estatuto epistémico en unas condiciones de dominancia tecnológica que hacen énfasis en la posesión y archivo del dato informacional y no de su uso y aplicación.
De tal suerte, con la implementación acelerada de nuevas tecnologías info comunicacionales y la incidencia que tienen estas en los circuitos de producción de la última etapa del modelo económico (basados en la distribución y acceso diferencial a los datos y a la exacerbación de los estímulos desde el entretenimiento comercial), la pugna por la constitución de subjetividades críticas cercanas a un proyecto humano y en condiciones de equidad y justicia se torna cada vez más lejano.
“El verdadero poder de las condiciones posfordianas en red reside en la producción de nuevas formas de inteligencia general; la mercantilización de lo que se conoce como externalidades, unas redes intensivas sumergidas que forman las otrora secretas relaciones del valor de marca. En la actualidad, la inconsciencia rizomática del valor de marca genera valor en formas inéditas y desconocidas, hoy convertidas en una realidad, en una abstracción real en la que esos factores, en otro tiempo no reconocidos, forman unos complejos bucles collageados dentro de sus propias distribuciones y se afirman como normas constan­tes y repetibles, susceptibles de comercializarse con un valor asignado, generando beneficios futuros como parte de presupuestos predeterminados. En tanto que tales, con ayuda de nuevos cálculos informáticos intensivos, las contingencias de su valor – que en otro tiempo podrían haberse dado por descontadas – son hoy concretables, analizables y fiables. Esta mercantilización de las externa­lidades encarna la nueva definición del trabajo inmaterial y la inteligencia general.”  (Neidich, 2009, p.139)
En tal escenario, los múltiples escenarios de resistencia tanto estructural como molecular que tratan de ofrecer líneas de fuga, o bien son cooptados rápidamente, ó se diluyen por la falta de programas y propósitos de larga duración que definan un proyecto concreto y una salida probable que devuelva la esperanza de otros mundos posibles. Así, en este ámbito “postapocalíptico” las ciencias humanas y sociales aún no alcanzan a ponerse “a pies juntillas” (en términos de análisis, prognosis y diagnosis) de cara a las transiciones socioculturales que proponen a máxima velocidad las innovaciones tecnológicas y biopolíticas propias de nuestro tiempo. Tal como afirma Sloterdijk se trata de una época que se encuentra:
“(…) caracterizada por una crisis de la epoché filosófica: la orientación en una situación mundial más que compleja se dificulta, desde que la operación básica filosófica, así como la enseñó Edmund Husserl, ya casi no permite que el retroceso ante la imagen de la realidad y la puesta entre paréntesis de las propias intenciones existenciales sean llevados a cabo de manera convincente dentro de las actuales turbulencias” (Sloterdijk, 2008, p.23).
En ésta complejidad, diversas miradas que puedan involucrar diseños metodológicos heterogéneos y arriesgados (mixed methods[1]) como propuestas conceptuales de avanzada que promuevan una cercanía interpretativa con los fenómenos y en tal caso una hermenéutica crítica y reflexiva de la cual se desprendan argumentos, intuiciones y/o preteorías con elementos pragmáticos orientados a incitar con su efecto discursivo y práctico dimensiones distintas en la planeación de políticas públicas y privadas, o que de manera alterna, generen movimientos de resistencia, resultan por demás urgentes y es en esta medida que puede acudirse a una Ciencia social radical, radical en el propósito que desea, en sus implicaciones, en su protagonismo como fuente de problematización y de referencia. Unos métodos mixtos o heterodoxos donde confluyan los estudios sociales, culturales, comunicacionales etc. Pueden ofrecer nuevas hermenéuticas para ámbitos como el de las nuevas tecnologías y la producción de subjetividades.
“(…) hará falta desa­rrollar nuevos órganos perceptivos; en este caso, instituir propiedades distribuidas de computaciones neuronales en una generación que ha crecido de hecho dentro de esta nueva forma de espacio dinámico e intensivo, con el fin de comprender la lógica del nuevo espacio construido” (Neidich, 2009, p.126).


I.                   La recuperación de la sinapsis.
El logro de la singularidad se constituye como objetivo fundamental no sólo para la inteligencia artificial sino para el pensamiento contemporáneo agobiado, cercado y marginalizado en una época de ausencia de proyectos con ansias de transvaloración.  Si aceptamos las teorizaciones que se realizan sobre el campo de las llamadas neurociencias y sus aplicaciones en campos particulares como el neuromarketing, podemos suponer que en efecto, se trata en la actualidad de facilitar aún más la distribución de contenidos comerciales a partir del desarrollo de interfaces o soportes mediales que afecten directamente los sistemas de elección y decisión de unas subjetividades en tránsito, fragmentadas y suspendidas en una mercadosfera.
“todo aquello que se ve constante­mente repetido, interconectado y luego magnificado, por ejemplo, por las tecnologías del capital global neoliberal, atrae la atención del cerebro y la mente que pasarán en consecuencia a registrarlo. Por otro lado, el arte y la arquitectura son prácticas que, en su condición de experimentales, son susceptibles de asumir la variabi­lidad potencial inherente a un entorno temporal metaes­table para producir varias formas nuevas de vínculos temporales inmanentes dentro del contexto del virtuoso” (Neidich, 2009, p.122)
La influencia de dichas tecnologías no solo problematizan viejas condiciones de reflexión antropológica y filosófica como la identidad, la libertad, la igualdad etc. Si no que trazan nuevos paradigmas en torno a categorías típicamente ontológicas: ser/realidad/existencia. Sin lugar a dudas, un abordaje contemporáneo sobre estos campos nos lleva a pensar en la pertinencia de una filosofía de la tecnología partiendo por ejemplo, de la Teoría Medial de la existencia propuesta por Sloterdijk, que entre otras cosas tenga como objeto de contraste e investigación fenómenos tecnológicos como la realidad aumentada, háptica, la inteligencia artificial, la nanociencia, etc. y sus posibles efectos sobre lo sociocultural – entendido en esta línea de análisis como distribución neuronal particular y colectiva – dado que dichos avances tecnológicos pueden comprenderse como esferas protésicas y dispositivos de climatización autoinmune.
“La clave de esos cambios radica en que la selección experiencial no tiene lugar, como la selección natural de la evolución, como resultado de la reproducción diferencial, sino más bien de la amplificación diferencial de ciertas poblaciones neuronales, lo que significa que esas neuronas y redes neuronales estimuladas con mayor frecuencia e intensidad, por ejemplo, los juguetes publicitados que aparecen y reaparecen en entornos reales y televisados o por los objetos señalados una y otra vez por los padres como importantes, desarrollarán patrones de disparo más eficaces o cada vez más enganchados a una fase, vincula­dos sincrónicamente entre sí en el tiempo, lo que les con­cede una ventaja selectiva de la que los demás carecen “(Neidich, 2009, p.143)
A contrapelo de una ética, se trata más bien que el objeto de esta filosofía medial de la tecnología sugiera una reflexión de orden estético. Pues tal como lo propone Ranciere:
“La esencia de la política consiste en la interrupción de lo sensible para y por parte de quienes no hacen parte de dichas coordenadas perceptuales de la comunidad, de tal suerte que modifiquen muchos de esos campos de posibilidad estético políticos“ (Neidich, 2009, p.3).
Las coordenadas organizadas a las que hace referencia Ranciere son las leyes, normas y acuerdos tácitos, implícitos o institucionalizados que dividen la comunidad en clases, en grupos, posiciones sociales y funciones. Solamente a través de procesos de subjetivación en los que las personas se narran como agentes activos y dispuestos a estas transformaciones ético estéticas es posible la transformación de coordenadas, la inversión de axis o la reorientación de los sentidos que iluminan los proyectos sociohistóricos.
Entonces, un control neuronal, un dominio sobre la forma en que las conexiones cerebrales, la biología y fisiología cerebral agrupa, distribuye, conserva y accede a la información, al dato y su procesamiento es en definitiva un lugar de poder: De Neuro poder en términos de Neidich:
“(…) en la transición desde la sociedad dis­ciplinaria a la sociedad de control y, más allá, hacia eso que Lazzarato denomina noo-política, el foco del poder y la tecnología a su disposición no se orienta hacia la materialidad del cuerpo sino, en lugar de ello, hacia su existencia psíquica y muy especialmente a sus recuerdos y atención, teniendo en cuenta que cerebro y cuerpo se encuentran inextricablemente relacionados mediante condiciones voluntarias e involuntarias, somáticas y auto­nómicas, estriadas y lisas” (Ibid, 2009, p.3)
¿De qué manera y bajo este terreno de pugna por un nuevo dominio de la conciencia pueden trazarse líneas de fuga? ¿Cómo posibilitar unas identidades distintas a las que el mercado ofrece como valor de intercambio? ¿De qué manera el uso protésico de las tecnologías emergentes pueden ofrecer herramientas para la constitución de esas otras identidades? 
II.                 De la Celebridad a la Cerebridad.
En un campo telerelacional como se constituye en efecto la dimensión real/virtual/virtualizante de las sociedades contemporáneas, que migran paulatinamente del control y disciplinamiento biopolíticos a la fragmentación y deslocalización de la Noopolítica, entendida ésta como:
“Un conjunto de téc­nicas de control que se practica sobre el cerebro. Implica, por encima de todo, atención, y va dirigida al control de la memoria y su poder virtual”. (Neidich, 2009, p.135)
La mirada objetiva debe orientarse a los mecanismos de desarrollo de las capacidades neuronales y la alteración de los procesos que en baja intensidad decodifican y samplean órdenes de sentido y significado con propósitos de administración productiva del intelecto general, de forma que si hablamos de una(s)  resistencias posibles a la cooptación sináptica y a la clarividencia comercial del comportamiento, se dependería en gran medida de una práctica sub-versiva (diversidad de textos y versiones) que amplíen las posibilidades, es decir, expandan lo diverso, lo alterno como forma -otra- de despliegue de la subjetividad cooptada de forma permanente por dispositivos culturales, unos extensivos y otros intensivos:
“La cultura extensiva es accionada por la producción de objetos exactos y es una cultura de la equivalencia, mientras que la inten­siva se caracteriza por la no equivalencia y la diferencia. Lo intensivo es único y singular. Mientras las culturas extensivas generan el producto como una forma de equivalencia, lo que mejor describe la cultura intensiva es la noción de marca. Todas las marcas difieren entre sí, y, aunque la marca no genera productos sí les da valor y los enriquece a través de un amplio espectro de externalidades conectadas. (Neidich, 2009, p.124).
Cada medio sugiere una narratología, el carácter intensivo o extensivo se muestra en la relación con los objetos que circulan ante los sentidos de los espectadores, consumidores, usuarios y proponen unos discurso que termina transformando mucho más rápidamente el comportamiento de los individuos que los dispositivos tradicionales como la participación política o la educación. Su efecto es de velocidades y tiempos distintos.  Trágicamente esta relación tiempo espacio muestra de qué manera estrategias educativas son altamente descontextualizadas pues no logran insertarse a estas lógicas siempre cambiantes, lo que conocemos como “crisis generacionales” por ejemplo, no son más que evidencias de un sistema mundo que captura las subjetividades por etapas sobre la apariencia de lo nuevo o de lo vanguardista sin que exista una referencia del proceso completo en clave histórica que permita a los individuos una toma de posición al respecto, es decir, una preferencia por lo intensivo.
Se trata entonces que a partir del conocimiento de las maneras en que se generan en la actualidad las esferas de producción de subjetividad basadas en dispositivos de economía neuronal, se permita al individuo un repliegue en sentido de epojé al reconocimiento y mapeo de los mecanismos aparatico mediáticos que pugnan por su deseo emancipatorio y libertario propio de la condición planamente humana. Dado que:
“Podríamos afirmar que esa nadería que llamamos sujeto no es otra cosa que el efecto por excelencia (por supuesto sin exclusión de ninguna de las muchas otras prácticas que también al respecto son constituyentes) de los actos de representación, de visionado y escopia, de su participación en las redes de intercambio –producción, consumo y circulación- de la imagen, de la visualidad” (Brea, 2003, p.2)
Más allá de una –otra- teoría reivindicatoria y de crítica anacrónica hacia los medios y su influencia, se trata más bien de empoderamiento de los mecanismos actuales que como parte de esas dos visiones de culturización (expandida ó intensiva) seamos capaces de reorganizarlos, subvertirlos en clave de producción, creatividad e imaginación, por el despliegue de los recursos tecnológicos hacia un horizonte de posibilidad y de la potencia individual y colectiva para la emergencia de otras dinámicas de afectos, pues es probable:
“Un proceso de asociación que tendrá conse­cuencias en la forma en la que el cerebro es esculpido por la experiencia cultural. La constancia y la repetición a mano, sobre todo cuando se distribuye globalmente, constituyen intensos directores de la atención. Lo cho­cante y lo novedoso son condiciones de los excesos culturales de la modernidad y la refutación artística que desestabiliza y disocia los dictados institucionalizados. Recientemente, lo chocante se ha abierto camino dentro del andamiaje institucional y es hoy utilizado como forma de administrar afecto” (Neidich, 2009, p. 122).  
Frente a la espectacularización, la distracción y el uso del tiempo libre en sociedades posfordistas articuladas a lógicas de productividad inmaterial (Cfr. Rodríguez, 2007), la cerebridad, es decir, el estudio, reconocimiento y empoderamiento de nuestra red neuronal de nuestro complejo cerebral, produce un sisma en la etapa de configuración de “celebridades” en plano personal que pugnan por destacarse al ritmo de lo que la metafísica imperante denota como clave de éxito, es decir, de garantes de los afectos.
El logro de las redes sociales en este sentido, los blogs, la Tv interactiva, la conectividad de contenidos de pantalla en pantalla etc. Se verifican cuando se propone en su uso y aplicación una idealización de la libertad en tanto signa a los usuarios (devenidos avatares) como gestores y productores de “su propia imagen” otorgándoles en clave fordista (producción serial) un reconocimiento como detentores de suscriptores, número de seguidores, o número de visitas, dando como resultado la apariencia de reconocimiento como “celebridad” mediática en un mar de contenidos y flujos de experiencias digitalizadas (Facebook, etc.) que pugnan por el poder representacional de “verdades” integradas a su alter ego digital (De otra forma no se explica por ejemplo, cómo es posible comprar y vender seguidores en sistemas como Twitter, para contribuir al efecto de credibilidad en tanto más o menos seguidores se posea).   
La organización de estos contenidos en un esquema de posproducción (Cfr. Baurriaud, 2004 y 2006) resalta la inmanente presencia de dichos clichés en los comportamientos de las personas elevándolos a la categoría de referentes de la cultura global. Una economía de afectos que reproducen formas de comprender el mundo y que instauran una distribución de lo sensible particular, quizás una sola más cercana con los dominios hegemónicos tradicionales. El arte, la posproducción, la remezcla de contenidos y una mirada estética alterna puede entonces alterar dichos flujos de reproducción en tanto:
“Al recurrir a conjuntos de métodos, procedimientos, instrumentos y materiales muy diferentes de los emplea­dos por la soberanía y el conocimiento institucional, el arte, la arquitectura, el cine, la poesía, el diseño, el sonido, el vídeo, la performance, la danza y la instalación escul­tórica, ejemplifican y des-ejemplifican un mejunje “muy diferente” de los potenciales dinámicos en su producción de objetos, de no objetos, de materiales efímeros y de fragmentos textuales a distribuir en la cultura visual, audi­tiva y quinestética. El poder del surrealismo, dadaísmo, situacionismo, fluxus, arte conceptual y feminista y de las prácticas globales o poscoloniales como modificadores culturales y, por ende, neurobiológicos, son algunos ejem­plos que refuerzan la consistencia de esas reclamaciones. Un proceso que, junto a sus efectos, he dado en llamar “redistribución de lo sensible” (Neidich, 2009, p.122).    
La cerebridad, por el contrario, llama a este ahora pueblo constituido en red, a posibilitar la recuperación de la población neuronal individual con ánimo de potenciarla y hacerla mucho más sofisticada que la red externa. En otras palabras, de producir subjetividad desde un reconocimiento identitario en tanto dicha ipseidad corre a contrapelo de una función identitaria rígida, higiénica y homogeneizante, en un escenario de conflicto por lo identitario en el que Brea afirma:
“En realidad, una lectura poco ingenua de las retóricas de la nueva publicidad reconocería rápidamente que lo que en casi la totalidad de sus juegos de imagen se vende no son los “productos” que ellas anuncian: sino la específica potencia de construcción de biografía que en su mismo espacio –fantasmático, imaginario- se pone en acto. No se trata entonces de hacer deseable a lo lejos un tercer producto-mercancía, sino de conseguir que el propio dispositivo-anuncio –el sistema imagen/música/texto que lo articula- se cargue de potenciales de identificación-deseo, capaces de concitar un efecto de re-conocimiento en el perceptor. La necesidad que éste siente de proveerse de materiales efectivos en esa cada vez más ardua tarea (por inocua e improductiva en el fondo) que es el construirse a sí mismo hará el resto, y la compra de la mercancía asociada –siempre que uno pueda pagarse el capricho crecientemente costoso de autohacerse- caerá como por “efecto colateral”. Pero lo que se hace seductor en el anuncio, a lo que se dirige su efecto persuasivo, no es a mostrar las calidades propias del objeto tercero. Sino, primariamente, a autoseñalar (sin que se dé demasiada cuenta el anunciante, no vaya a ser que sospeche la verdad de la publicidad contemporánea: que sólo se anuncia a sí misma) la cantidad directa de identidad –el coeficiente identitario, diríamos- que se impulsa desde su propio espacio, en el propio dispositivo simbólico” (Brea, 2003, p.1).
Así, la cerebridad en contraste con la celebridad, ubica al sujeto en clave crítica frente a los contenidos que desbordan su propia capacidad interpretativa, dando lugar a un espacio de resistencia como figuración de una potencia para lo extraordinario, para la sofistificación del cerebro en tanto aparato mediático arcaico fundamental como dispositivo de una arquitectura cognitiva diferente. Dice Sloterdijk al respecto:
“Cada introspección sencilla nos deja en claro que nuestros cerebros siempre buscan el nivel homeostático más próximo, es decir, un estado, en lo posible, cómodo y conservador en sus estructuras, que es vivenciado como auto-satisfacción: ésta apoya la sensación de tener toda la razón, prolonga la licencia de seguir adelante con nuestros juegos de identidad. Todo el mundo sabe que los hombres, en caso de necesidad, se vuelven incluso creativos para evitar cambios de su auto-estado. La mutación decisiva de la modernidad radica en el atrevimiento de los cerebros humanos de más bien celebrar integralmente las informaciones futuras, más que rechazarlas” (2008, p.31).
Como se nota, el juicio de valoración no está centrado en la calidad como tal, sino en lo que está ocurriendo con las audiencias, en sus búsquedas y gustos, pues es por lo menos inquietante que no sea la calidad del producto masivo lo que conduce a una aceptación, por el contrario se percibe una necesaria exacerbación de los sentidos y una “barrocalización” de la experiencia estética… todo junto, todo mezclado, todo al límite. Podemos afirmar aquí, que un modo cultural de lo intensivo genera “celebridades” (o la ilusión fantasmica de llegar a serlo) y un modo cultural extensivo de las tecnologías propone la manifestación de cerebridades, unos consumidores, otros por lo menos devenidos gestores:
“El carácter del «pluralismo de estilos» ha penetrado en el ámbito de la producción y ha remezclado los criterios para el juicio estético. Las afiliaciones grupales, el estatus y la frescura aumentan su valor, mientras que los criterios analíticos lo pierden. Pero cuanto más se anticipa la autosatisfacción y la felicidad en el campo del consumo, más se consolidan las estructuras aislantes del particularismo y la subjetividad. El placer se convierte en quimera. En una sociedad en la que el valor de la mercancía se determina según el tiempo de trabajo necesario para su producción, pero en la que los individuos no usan o reproducen su fuerza de trabajo para producir placer, entonces el propio placer no tiene ningún valor, sino que comprende su propia carga cultural. En ese caso concreto, el campo de la producción artística desempeña el papel de un agente doble” (Babias 2005, p. 143).
En este orden de ideas, una posición construida desde los debates contemporáneos de la imagen, la comunicación, el arte y de las relaciones disciplinares pone de manifiesto un nuevo reto para las ciencias sociales y los denominados estudios culturales comunicacionales. El objeto en este sentido desbordaría la taxonomía intensivo/extensiva sino que quizás a partir de experiencias de borde ofrezcan una solución parcial al problema que identifica Babias en términos de la estética producida o reproducida mercantilmente.
III.              Otra conexión medial en clave educativa.
Ahora bien, en este punto es necesario problematizar el rol de la mayoría de las políticas públicas orientadas a la inmersión en nuevas tecnologías y la manera como las instituciones públicas y privadas las incorporan al ámbito curricular, pues pareciera que favorecen más la reproductibilidad que la creatividad, se trata en todo caso de un proceso de alfabetización más que de aplicación y orientación hacia la innovación y despliegue del recurso y sus herramientas.
En este sentido, continúanos asumiendo como indicador de calidad educativa o de desarrollo tecnológico por ejemplo, la implementación de una plataforma para educación virtual sin que se logre problematizar por parte de quienes tienen bajo su cargo la reflexión por el sentido de las herramientas, la discusión en clave de innovación sobre el impacto, el propósito y la recontextualización del dispositivo como eje para la promoción de esferas más cercanas con la crítica del medio, con la ruptura de la repetición y cercanas con la deconstrucción y la implementación en circuitos de producción de conocimiento. Retomando de nuevo, por lo menos para un uso extensivo y no intensivo de dicho dispositivo técnico cultural.
En otras palabras, se tiende a reproducir la práctica educativa convencional en otro formato (lo digital) más que poner la herramienta al servicio de otras instancias que promueven el pensamiento (por ejemplo grupos de investigadores, trabajo cooperativo en red, colectivos de creativos etc). Y la manifestación de otras formas de producción de subjetividad.
Por el contrario, sería necesaria una forma extravagante de vitalismo, una atención poética a la correlación entre lo abstracto de lo estético y lo concreto de lo tecnológico, que se configurara en estas dinámicas de cooperativismo en red como espacio determinante de resistencia para acciones políticas, culturales y sociales que más que una gran transformación estructural, busquen la generación de espacios de desdramatización de la experiencia, desplegando la identidad, “bajando a piel” las ideas, en actitud de alerta para ser capaces de diferenciar el vehículo del ser (rango operacional) en contra posición de nuestra intimidad, de tal forma que sea viable bordear el campo de la epifanía, por lo menos en el placer del encuentro (thaumazein) con la idea –descaradamente- propia, irreverente y promiscua. Hasta ahora, el uso intensivo propone no el placer del encuentro sino la espectacularización de la identidad y la intimidad. Es en este punto donde la implementación de TIC en el campo educativo puede enriquecerse, ofreciendo un espacio de reflexión sobre el mundo aparático, sobre las esferas protésicas que en apariencia nos – constituyen-.
Detrás de estas reflexiones se pone en cuestión para el ámbito educativo como lugar propicio para desatar estas consideraciones, la dificultad derivada de los derechos de autor y los modos en que la población se apropia de estas nuevas tecnologías, de qué manera se resamplean los contenidos o se distribuyen los conocimientos en formato digital. Si se asume la tecnología como objeto cultural, el campo de batalla esta trazado en una matriz convencional de saber/poder en donde el uso y acceso determinan ¿qué se vende?, ¿cómo se vende?, ¿Qué se transmite teleracionalmente? ¿Quienes consumen? ¿Quiénes aprenden?
IV.             A manera de conclusión.
Es posible, que la construcción de otras percepciones de lo visual, lo sonoro, lo temporal y espacial en clave de lo multimedial digital, revelen otros signos de la experiencia que puedan enriquecer los abordajes sobre los problemas cuando se diseña arquitectónicamente el campo, el personaje conceptual, los functores, afectos y perceptos como indicadores sugestivos de nuevos esbozos teóricos, que dando espacio al caos sugieran luego la densificación de un conjunto armónico. Es esta la condición estética dentro del campo de la investigación social en relación con las telecomunidades aparáticas.
Al final, para los investigadores, especialistas y estudiantes a nivel local, la discusión y el debate por el efecto del neuropoder, del control de la conciencia global, del efecto de las tecnologías sobre las subjetividades, de los roles de las múltiples interfaces y sobre todo de las estrategias de línea de fuga a este movimiento generalizado que administra redes neuronales y que propone una regulación de estímulos para modelar los cerebros de las actuales y futuras generaciones pueda ser entendido como un objeto de estudio de inmediata atención del cual ya otros se vienen ocupando[2], de lo contrario y tal como afirma Solterdijk:
“La forma hoy en día más extendida del rechazo a la información, el no-entender, sería derogada en la era final de la transferencia de pensamientos. Así, se deberá ejecutar explícitamente cada acto de la negación del entendimiento y llevarlo a cabo según las reglas del arte. Ante semejantes perspectivas del futuro, deberíamos gozar de nuestras reservas naturales del no-entender, mientras haya tiempo”. ( Sloterdijk, 2008, p.33).
Una esperanza para pasar de la suspensión a la acción…
Bibliografía
Babias, Marius (2005) “Producción de sujeto y práctica artístico política”. Revista Zehar.  55: 142-147.
Bourriaud, Nicolás (2004) “Posproducción”. AH. Buenos Aires.
Bourriaud, Nicolás (2006) “Estética relacional”. AH. Buenos Aires.
Brea, José Luis (2003) “Fábricas de identidad (retóricas del autorretrato)”. EXIT No. 10 Madrid.  [ en línea ] Disponible en: http://www.joseluisbrea.net/articulos/autorretrato.pdf recuperado 2 de abril de 2012.
Neidich, Warren (2009) “Neuropower”. Atlántica. Revista de arte y pensamiento. No 48/49.
Rodríguez, Edgar G. 2008. “Cronofilia & Cronofobia en Tiempos laborales de posfordismo”.  Revista Crítica de las Artes y el Pensamiento. Mayo –Junio. No 5: 69-74.
Rodríguez, Edgar G. 2008. “Reseña del libro: la informática educativa en la formación inicial de docentes en Bogotá”.  Nómadas 28:229-232.
Rodríguez, Edgar G. 2011. “La imagen que viene”. Nómadas 35: 65-80.
Sloterdijk, Peter (2008) “Actio in distans: Sobre los modos de formación teleracional del mundo”. Nómadas 28:22-33.


[1] Esta preocupación implica el reconocimiento de unas complejidades distantes que requieren otros esquemas y formatos de hacer investigación y de asumir sus prácticas. En ello, se juega una forma de resistencia concreta frente a la vehemencia y obliteración del discurso que termina generalmente arrinconando en el desaliento a los que, -en plano intelectual-, navegan sobre la aventura del conocimiento. Así, frente a la capacidad de pensar, imaginar y crear tratando de contemplar activamente las fuerzas poéticas que animan la naturaleza y la existencia misma, el motor subjetivo de cada máquina de pensamiento se puede dejar tentar al riesgo jovial del esquema propio, de la insurrección erótica de la idea personal, de allí de nuevo su radicalidad.
[2] Recomiendo ver al respecto los estudios de Princeton Engineering Anomalies Research (PEAR) program disponibles en http://www.princeton.edu/~pear/

Régimen escópico

El problema actual sobre la hegemonía del ver y las formas de interpretar las antropologías visuales son el tema principal de mi reciente artículo publicado por la Revista Nómadas. Adjunto puedes descargar el texto completo.
http://www.ucentral.edu.co/images/stories/iesco/revista_nomadas/35/35_4r_la_imagen_que_viene.pdf
La imagen que viene

lunes, 16 de abril de 2012

Las dos Colombias.

 
Por estos días venimos conversando en la cátedra de ética acerca de las "Dos Colombias" Blanquer & Gros (2002), un texto de referencia para revisar algunos aspectos de la historia de nuestro país tratando que dicha reflexión permita considerar la ética como un espacio de producción de pensamiento articulados a esas necesidades y condiciones de realidad. Es decir, transformar nuestra conducta sobre la base de saber y reconocer que cambiar.

En las siguientes entradas, los estudiantes del Poli aportan su opinión en referencia a algunos de los capítulos de este interesante libro que desafortunadamente ya no se consigue en librerías.  

miércoles, 14 de marzo de 2012

Realidad aumentada Metodología III

 
"Kurzweil predice que a partir de la Singularidad la 
evolución biológica humana dejará de tener importancia y que toda la 
evolución será tecnológica. Esto implica algo que a mi entender es 
importante: al menos en lo que respecta al ser humano, y posiblemente el 
alcance sea mayor, de producirse este cambio que vaticina Kurzweil 
estaríamos hablando de un salto desde un escenario de evolución 
darwiniana —cambios genéticos al azar e impulso de la evolución mediante 
selección natural, proceso lento y de  rumbo errático que, al menos desde 
que el  Homo sapiens está sobre la faz de la Tierra, no ha producido 
variaciones en nuestra especie— a otro lamarckiano —rápido, guiado, 
determinista, y con herencia (e incluso actualizaciones periódicas de 
hardware y software) de caracteres adquiridos—" (Witt, 2008)

El concepto de realidad aumentada prácticamente se inaugura masivamente con la película de Spielberg, 2002, Minority report. Esta otra realidad tecnológica implica no sólo nuevas formas de administración, acceso e indexación de la información sino por supuesto una versión transhumante de la condición de individuo. Si bien es cierto la crítica podría centrase en los pros o contras de este tipo de tecnología, para las Ciencias Sociales Contemporáneas su implementación y desarrollo puede sugerir preguntas mucho más interesantes, por ejemplo, de que manera se puede pensar la realidad aumentada en ciencias sociales?, de que forma este concepto afecta el diseño de las investigaciones? hasta que punto podemos instaurar un sistema de flujo de datos en nuestras formas de abordajes metodológicos? Cual es el efecto e impacto de una versión hipermedial de los temas, coremática o de sistemas de información "georeferenciados" para nuestras investigaciones? La realidad ampliada se abre paso en principio en el mundo del mercado y del consumo, pero deja espacio para posibles aplicaciones académicas y de recursos y herramientas necesarias para investigar en el siglo XXI.

martes, 28 de febrero de 2012

Hacia el Fluxus de las Ciencias Sociales - Metodología III


La adopción de nuevos formatos, materiales, excusas, tendencias, en general, el logro de una "interdisciplinariedad indisciplinada" ha perfilado el Fluxus como movimiento, primero en las artes y luego exhortando su terrible capricho a otros lugares y parcelas del saber que bajo la angustia permanente por lo cooperativo, por la mezcla y re mezcla necesaria para experimentar otras texturas y otros límites se motivan al aparente sin sentido. Solo en la trama oculta de lo expansivo y de la lateralidad de la creación pueden aparacer otros caminos. Esta semana el grupo de trabajo abordará las inquietantes preguntas que conducen a criticar deliberadamente la llamada "vanguardia" y su viabilidad o no dentro de una utopía de resistencia a la captura de la conciencia global en clave de los estudios sociales contemporáneos y sus probables métodos no ortodoxos.